
Nuestro
partido
Nuestra
organización, como parte del movimiento morenista internacional
que hoy representa la Liga Internacional de los Trabajadores - Cuarta
Internacional (LITci), tiene sus orígenes en los años
60, con su participación en las luchas campesinas lideradas
por Hugo Blanco, y en los años 70 en la lucha contra las
dictaduras de Velasco Alvarado y Morales Bermúdez, aunque
sus raíces más profundas están en la fundación
del trotskismo peruano en los años 40. El PST llega a 1980
después de fusiones con facciones del Frente de Izquierda
Revoluionaria (FIR), y en 1982 se fusiona con la facción
mayoritaria del Partido Obrero Marxista Revolucionario (POMR), fundado
por Ricardo Napurí.
Pese
a su juventud como organización,
el PST estuvo presente en procesos políticos trascendentales
como las luchas campesinas del Cusco en los 60, que constituyeron
la primera reforma agraria llevada a cabo desde abajo; la caída
de la dictadura de Morales Bermúdez y el fortalecimiento
político de la izquierda en general y de la conciencia socialista
revolucionaria en particular, expresada indirectamente en la votación
electoral de la Asamblea Constituyente de 1978 y las elecciones
generales de 1980, con el FOCEP y el Frente Trabajadores al Poder,
respectivamente.
En
estas décadas se forjaron importantes dirigentes y activistas
que han escrito gloriosas páginas en la historia del partido.
Sería muy largo enumerar a todos, pero podemos indicar algunos
de especial importancia como Santos Dávila Bravo, inclaudicable
dirigente minero de Cuajone, hoy desaparecido, y que combatió
al lado de compañeros como Máximo Apaza, Enrique More
y Julio Rodriguez en históricas jornadas como las huelgas
nacionales mineras de 1988 y 1989. Magda Benavides, Luis Bordo,
Carlos Grillo, entre otros compañeros bancarios, dirigieron
el CF del Banco de Crédito con una orientación clasista
revolucionaria. José Sicchar, reconocido dirigente popular
de Iquitos y los pueblos del oriente peruano, también se
cuenta entre los camaradas que nutrieron la tradición de
lucha de nuestra organización; así como Carmen Bardales,
extraordinaria luchadora del sindicato D'onofrio, lamentablemente
también fallecida. También forman parte de nuestra
organización compañeros como Lucio La Torre, inclaudicable
y granítico luchador trotskista de siempre. No están
ya en nuestra organización, pero fueron destacadas figuras
públicas en su momento, compañeros como Ricardo Napurí,
a quien debemos gran parte de la continuidad de nuestra organización,
y en otro plano Hugo Blanco y Enrique Fernández.
Los
años 80 fueron de copamiento del reformismo de Izquierda
Unida, por un lado, y del ultraizquierdismo de Sendero Luminoso,
por el otro. Los "éxitos" de ambos en esta década
terminaron por obstruir la construcción de un auténtico
partido obrero revolucionario socialista, pero al mismo tiempo crearon
las condiciones para una etapa de derrota del movimiento obrero
y popular en la siguiente década.
En
los años 90, un régimen encumbrado sobre los escombros
del régimen aprista, así como del vergonzoso rol colaboracionista
de IU y el fracaso del senderismo, descargó duros golpes
sobre el movimiento obrero y popular empezando por el golpe de 1992.
Son años de retroceso de la clase, tanto en el plano de las
luchas sindicales como de la lucha política. En el contexto
internacional, el neoliberalismo y"globalización"
llegaron como parte de una contraofensiva económica, política,
militar e ideológica por parte del imperialismo. La izquierda
en general, sin excepción de las filas del marxismo revolucionario,
experimentan lo que denominamos el vendaval
oportunista (vínculo a Marxismo Vivo N°
9. Vea también segunda parte en MV
N° 10), es decir el abandono de posiciones revolucionarias.
Nuestro
partido no pudo escapar a este fenómeno de amplitud mundial,
y atravesó un proceso de rupturas que lo llevaron a un fuerte
retroceso.
En
el fragor de la lucha contra la dictadura fujimorista, y del resurgimiento
de las luchas obreras, populares y juveniles, y sobre la base de
un núcleo de dirección que se mantuvo firme en sus
convicciones revolucionarias, se reactiva la construcción
del partido revolucionario.
Desde
su relanzamiento en 1999, el PST ha estado presente en las principales
luchas obreras y populares, ha marchado en las movilizaciones más
importantes con su columna, banderolas, su prensa y sus volantes.
La lucha contra la dictadura, las movilizaciones contra la guerra
y posterior invasión de Afganistán e Irak, la lucha
contra el ALCA y el TLC, la solidaridad con las luchas obreras por
sus demandas económicas y contra los despidos, su rol en
primera fila de las luchas universitarias contra la privatización,
y su presencia en las jornadas de lucha internacionales como los
encuentro de Quito, Porto Alegre, son sólo unas cuantas muestras.
Hoy,
con una nueva generación de jóvenes revolucionarios,
el
PST se reafirma como un auténtico proyecto de construcción
de la dirección revolucionaria para la revolución
en nuestro país. Allí donde el vendaval oportunista
a nivel mundial ha parido una amplia variedad de transfugismos en
la vieja izquierda reformista, incluyendo arrepentidos y convertidos
a programas burguesas más abiertos, y que incluso llegan
al gobierno, como en Brasil, Uruguay, Ecuador, etc. para aplicar
el plan neoliberal y los planes de recolonización del imperialismo,
el PST nunca arrió sus banderas por una revolución
socialista, con democracia obrera, única manera de escapar
de la barbarie en la que nos tiene sumidos el capitalismo imperialista.