Partido Socialista de los Trabajadores

P u b l i c a c i o n e s



 


Publicación de la LIT-CI - Nueva época Nº 138 - Abril de 2008

Demos una respuesta de lucha obrera y popular a la “crisis de los alimentos"

Declaración de la LIT-CI en el 1º de Mayo
El capitalismo en decadencia nos lleva al hambre y la miseria

Cada Primero de Mayo, los trabajadores recordamos a los “mártires de Chicago”, las batallas por la jornada laboral de 8 horas y homenajeamos a todos los caídos en las luchas obreras y populares contra la explotación y la opresión capitalista. Es tradicional, también, reivindicar la necesidad de la revolución socialista como el camino para superar las lacras del capitalismo, y, finalmente, hacer un llamado para impulsar y apoyar las  luchas que, por diversas reivindicaciones, se desarrollan en el mundo. Este profundo significado del Primero de Mayo tiene hoy más actualidad que nunca.

En las últimas semanas, estallaron una serie de revueltas y levantamientos en numerosos países del mundo contra el alza de los precios de los alimentos. Este aumento ya venía ocurriendo, pero en las últimas semanas dio un salto que volvió insoportable la situación de las masas más empobrecidas. Robert Zoellick, director del Banco Mundial, definió la situación como “una de las crisis alimenticias más graves de la historia de nuestro planeta” originada en un aumento general del 48%  en los precios de los alimentos, el último año, pero con subas mayores en productos como el arroz  (75%)1.

Organismos de la Naciones Unidas y diversos medios de prensa informaron hechos de este tipo en Burkina Faso, Costa de Marfil, Egipto, Guinea, Guinea Bissau, Haití, Indonesia, Marruecos, Mauritania, Mozambique y Senegal. El Banco Mundial alertó que "33 países se enfrentarán a potenciales conflictos sociales por la intensa subida de los precios de los alimentos"2.

Esos países integran el grupo de naciones más pobres del planeta y en ellos se han levantado las masas más empobrecidas. Se trata de una verdadera “rebelión de los hambrientos del mundo”. Según datos de los organismos especializados de la ONU, cerca de 800 millones de personas pasan hambre en el mundo y se alimentan por debajo de las necesidades mínimas de un ser humano. Para ellos, esta suba de precios no es sólo comer un poco menos o comida de menor calidad sino que significa una condena a morir de inanición. Es decir, un verdadero genocidio perpetrado por el sistema capitalista imperialista en pleno siglo XXI. La “revuelta de los hambrientos” representa entonces una batalla verdaderamente de vida o muerte.     

Entre esos levantamientos, se destacan el de pueblo haitiano que enfrenta también la ocupación militar del país por los “cascos azules” de la ONU y el de Egipto, encabezado por miles de trabajadores textiles de la ciudad de Al Mahalla. También en Senegal y Burkina Faso la clase obrera estuvo en el centro de las revueltas. Esos países nos marcan el camino y nos muestran la necesidad urgente de que la clase obrera de todo el mundo dé una respuesta contundente de lucha contra el capitalismo por su propia supervivencia física.

Aunque afecta esencialmente a los países más pobres, la “crisis de los alimentos” se expresa en todo el mundo. En Venezuela, rica en petróleo pero dependiente de la importación de comida, la carestía y el desabastecimiento erosionan cada vez más los salarios de los trabajadores. México, otrora tradicional productor agropecuario, perdió su “soberanía alimentaria” y ha pasado a ser importador, luego de años en el Nafta. Actualmente, la popular “tortilla de maíz” se ha transformado en un artículo de lujo.

En Brasil, gran productor y exportador de alimentos, el feijão y el arroz, principales componentes de la alimentación popular, aumentaron respectivamente 207%, en un año, y 21%, sólo en el último mes. Incluso en Argentina, histórico “granero del mundo”, cuya producción es suficiente para alimentar un número diez veces superior a su población, los trabajadores y el pueblo está sufriendo desabastecimiento y encarecimiento constante de los productos básicos. Tampoco los países imperialistas están exentos: Italia y Francia sintieron el alza de los precios de la pasta y la mantequilla; EE.UU. fue afectado con un aumento promedio del 4%, en 2007, el mayor índice desde 1990 3.
    
El aumento de los precios no se debe a la escasez o a una caída en la producción. Por el contrario, los adelantos tecnológicos y la sobreexplotación de la tierra hacen que la producción de cultivos y materias primas alimenticias crezca cada vez más, a un ritmo superior al de la población mundial. Al mismo tiempo, cada vez más gente no puede comprarlos. Así lo reconoció Josette Sheeran, directora ejecutiva del Plan Alimentario Mundial de la ONU: “Nos encontramos ante una nueva cara del hambre: a pesar de que hay alimentos en las tiendas, cada vez más personas no se los pueden permitir”4.

Los especialistas prevén que esta crisis no tendrá una solución rápida y que puede extenderse por varios años. Una perspectiva terrible para los cientos de millones de hambrientos del mundo y una amenaza cada vez más dura para todas las masas trabajadores y pobres.

¿Por qué suben los precios de los alimentos si su producción está creciendo? La respuesta a esta pregunta muestra con total claridad el carácter absolutamente inhumano e irracional del sistema capitalista imperialista en su decadencia: una concentración cada vez mayor de los mercados que hace que unas pocas empresas controlen todo el comercio mundial de alimentos, pensando sólo en aumentar sus ganancias; el agrobussines que se concentra en unos pocos productos de altos precios internacionales sin importar las necesidades alimenticias de la población mundial; millones de campesinos expulsados de sus tierras; materias primas alimenticias que son destinadas a la producción de combustibles; el mercado de alimentos transformado en un “casino de apuestas” por capitales especulativos y parasitarios…

La crisis económica agrava todo

La LIT-CI afirma que el alza de precios y la “crisis de los alimentos” son, por un lado, resultado de las tendencias estructurales más profundas del sistema capitalista. Por el otro, esta raíz estructural de se ve agravada al extremo por la crisis económica mundial que se está iniciando.

Los gobiernos de los países imperialistas ya llevan gastado más de 600.000 de dólares para tratar de frenar o atenuar la crisis financiera mundial abierta con el fin de la “burbuja especulativa” en el mercado inmobiliario de EE.UU. y otros países. Ellos están dispuestos a hacer todo para salvar a los bancos y a las compañías involucradas en esta especulación pero no para resolver la cuestión del hambre en el mundo. Por el contrario, el aumento de los precios de los alimentos es una de las formas en que las burguesías intentan que seamos los trabajadores los que paguemos el costo de esta crisis económica. Al mismo tiempo,

Al mismo tiempo, el mercado mundial de alimentos, con el sistema de “contratos a futuro”, se parece cada vez a un “casino de apuestas”. Un casino al que ahora se  han sumado nuevos “jugadores”: una parte de los capitales que especulaban en el mercado inmobiliario, ahora han girado hacia los commodities, especialmente petróleo, minerales y granos, creando una “burbuja especulativa” y aumentando artificialmente su demanda y, con ello, sus precios.

Junto con esto, las grandes compañías petroleras, y también los especuladores, aprovechan la inestabilidad en Medio Oriente, resultado del fracaso de la política del gobierno de Bush en el área, para llevar el precio del barril a niveles superiores a los 100 dólares, lo que incide, directa e indirectamente sobre el precio de los alimentos. Como suele decirse, para los trabajadores y las masas, sobre llovido, mojado.         

El capitalismo no puede solucionar el hambre en el mundo

La primera respuesta del capitalismo, frente a las “revueltas del hambre”, ha sido la feroz represión ejercida por los gobiernos de los países donde se produjeron. Es cierto que, al mismo tiempo, los organismos internacionales, como el FMI y el Banco Mundial, e incluso los propios gobiernos imperialistas, han señalado su “profunda preocupación” y la necesidad de discutir y adoptar medidas.

Son “lágrimas de cocodrilo” de parte de quienes defienden los intereses de las empresas que lucran con esta crisis o de organismos que impusieron a los países dominados políticas económicas que crearon las condiciones del estallido de esta crisis. También expresa su miedo de que la “revuelta de los hambrientos” se extienda y amenzace sacudir al mundo desde sus cimientos.

En el mejor de los casos, sus propuestas se limitan a aumentar la “ayuda humanitaria” a los países afectados. Una respuesta que, desde hace varias décadas, ha mostrado su total incapacidad para resolver el problema del hambre en el mundo porque no modifica, ni se propone hacerlo, las causas profundas que lo generan. La total impotencia de las acciones y las declaraciones de organismos como la FAO (organización de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación) resulta completamente patética.

En el siglo XIX, Carlos Marx afirmó que el funcionamiento del sistema capitalista llevaba, inevitablemente, a la “miseria creciente” de masas cada vez más numerosas. Hoy, esta afirmación se nos presenta en su peor perspectiva: el hambre creciente que afecta a cientos de millones de habitantes del planeta.   

En la década de 1990, luego de la caída de la URSS y la restauración capitalista en los ex estados obreros, el capitalismo se declaró históricamente “triunfante” como el único camino para mejorar el nivel de la humanidad. Pocos años después de ese “triunfo”, la “crisis de los alimentos” y las “revueltas del hambre” nos muestran los extremos de degradación a que nos lleva el capitalismo imperialista. Un sistema no es capaz siquiera de garantizar el más elemental de los derechos humanos (la comida para todos lo habitantes del planeta) condenando a cientos de millones a morir de hambre.

Mientras la producción y la comercialización de alimentos estén controladas por los grandes grupos internacionales y los grandes especuladores no será posible cambiar esta situación. La alternativa es clara: o la voracidad de ganancias de estos grupos o las necesidades y la vida de cientos de millones de personas. Frente a esta alternativa, la LIT-CI se ubica junto a los pobres y miserables del mundo contra los “dueños de los alimentos”.

Sólo un sistema de economía central planificada, que utilice racionalmente los recursos existentes y se organice al servicio de satisfacer las necesidades básicas de los trabajadores y los pueblos del mundo, podrá acabar definitivamente con el hambre en el mundo. Para ello es necesario expropiar a todas las grandes empresas que dominan la economía mundial. Por eso, reafirmamos nuestra convicción de la necesidad imprescindible y urgente de la revolución socialista internacional que liquide al sistema capitalista imperialista.

Mientras luchamos por esta perspectiva, somos concientes que los hambrientos del mundo necesitan respuestas inmediatas para paliar su situación angustiante y también la necesitan aquellos trabajadores que ven el hambre y la miseria como una amenaza cada vez más cercana. La clase obrera y las masas del mundo no pueden esperar pasivamente frente a esta realidad: tienen que luchar por su supervivencia física. Es imprescindible que la clase obrera se ponga al frente de todas las masas empobrecidas para encabezar esta lucha.

Por eso, en este Primero de Mayo, la LIT-CI hace un llamado a todas las organizaciones obreras, populares, sindicales y sociales para organizar e impulsar esta lucha contra el hambre de los trabajadores y los pueblos.  La LIT-CI se compromete a poner todas sus fuerzas al servicio de esta tarea y, en este sentido, propone el siguiente programa de acción. Se trata evidentemente de un programa general que deberá adoptar formas más concretas y específicas en la realidad de cada país.

  • Control de precios por parte de las organizaciones obreras y populares.
  • Por salarios móviles de acuerdo al aumento del precio de los alimentos.
  • Por un salario mínimo que cubra todas las necesidades básicas de una familia (alimentos, salud, educación y vivienda).
  • Control obrero de las grandes empresas de alimentos. Exigencia de apertura a los trabajadores de sus libros de contabilidad.
  • Basta de lucrar con el hambre de los pueblos! Expropiación sin pago de los grandes monopolios agrícolas e industriales de alimentos.
  • El alimento es derecho social como la salud y la educación. Exijamos que el Estado y los gobiernos lo garanticen para toda la población.
  • Por planes económicos de emergencia destinados a satisfacer las necesidades básicas de la población, especialmente la alimentación.
  • Por gobiernos obreros y populares que apliquen estas medidas.

   
San Pablo, 22 de abril de 2008
Secretariado Internacional
Liga Internacional de los Trabajadores – IV Internacional

Notas
1Diario Clarín de Argentina, 11/4/2008.

2 Citado por el artículo Crisis de alimentos alarma al mundo, diario El Universal, 13/4/2008.

3 Ídem.

4 Revueltas de hambrientos.

 


N° 47 - Junio 2008
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